CAPÍTULO IV
TEOSOFÍA
Sin ufanarme en modo alguno con tan delicadas y múltiples inquietudes
de tipo filosófico y metafísico, confieso francamente y con toda sinceridad que
aún no había llegado a las diez y seis primaveras de mi actual existencia,
cuando ya me hallaba enfrascado en muchas materias de enjundioso contenido.
Con ansias infinitas me propuse analizar detalladamente los problemas
del espíritu a la luz de la ciencia moderna.
Muy interesantes me parecieron por aquella época los experimentos
científicos del físico Inglés William Crookes, descubridor insigne de la
materia en estado radiante y del Talio, ilustre miembro de la Real Sociedad
Británica.
Sensacionales me parecieron las famosas materializaciones del espectro
de KATIE‑KING en pleno laboratorio, tema planteado por Crookes en su
"Medida de la fuerza psíquica".
Excelentes, excepcionales, maravillosos, me parecieron muchos temas
sagrados de la antigüedad tales como: La Serpiente del Paraíso, La Burra de
Balaam, Las Palabras de la Esfinge, las voces misteriosas de las Estatuas de
Mennon al romper el día, el terrible MENE‑TECEL‑PHARES del festín de Baltasar;
el Serafín de Teherán, Padre de Abraham; los Oráculos de Delfos; los Betilos o
Piedras Parlantes del Destino, los Menhires Oscilantes y Mágicos de los
Druidas; las voces enigmáticas de todos los sangrientos sacrificios
necromantes, origen auténtico de toda la tragedia clásica, cuyas revelaciones
indiscretas en Prometeo, las Caforas y las Euménides, costaron la vida al
Iniciado Esquilo; las palabras de Tiresias, el adivino evocado por Ulises en la
Odisea, al borde del hoyo repleto con la sangre del cordero negro
propiciatorio; las voces secretas que Alarico oía mandándole destruir a roma
pecadora, y las que la doncella de Orleans oía también para que exterminase a
los ingleses, etc., etc., etc.
Enseñado en buenos modales y sin ensayarme en la oratoria para recitar
en público, a los diecisiete años de edad dictaba conferencias en la Sociedad
Teosófica.
El Diploma Teosofista lo recibí de manos de Jinarajadasa, ilustre presidente
de aquella augusta Sociedad, que en buena hora conociese personalmente.
Seguro de mi mismo en mi carácter estaba entonces muy bien informado
sobre los extraños y misteriosos golpes de Rochester, los clásicos fenómenos
psíquicos de la granja de los Eddy, donde nació la misma Sociedad Teosófica;
había evocadores de las Pitonisas de los antiguos tiempos, sabía de casas
encantadas y de apariciones Post‑Mortem y conocía a fondo todos los fenómenos
telepáticos.
Incuestionablemente, con tantos datos metafísicos en mi pobre mente
acumulados, me había convertido en un erudito muy exigente.
Sin embargo, quise muy sinceramente formar el corazón con el buen
criterio Teosofista y por ello me engolosiné con las obras que hallé en la rica
biblioteca.
Venero inagotable de Sabiduría Divinal, descubrí con asombro místico
en las obradas páginas de la Doctrina Secreta, obra extraordinaria de la
Venerable Gran Maestra Helena Petrovna Blavatsky, la sublime mártir del Siglo
XIX.
Veamos ahora las siguientes notas, por cierto muy interesantes:
"1885. En su Diary, el Coronel Olcott anota en el día 9 de
Enero".
"H.P.B., ha recibido del Maestro M., el plan para su Doctrina
Secreta". "Es excelente, Oakley y yo intentamos hacerlo la noche
pasada, pero este es mucho mejor".
"La conspiración del matrimonio Coulomb obligó a H.P.B., a dejar
Adyar y viajar a Europa en Marzo. H.P.B., llevó consigo el preciso manuscrito.
Cuando me preparaba para subir al barco, Subba Row me recomendó escribiera LA
DOCTRINA SECRETA y le fuera mandado semanalmente lo escrito. Yo le prometí y lo
haré... ya que él va a agregar notas y comentarios y después la Sociedad
Teosófica la publicará".
"Fue en ese año cuando el Maestro K.H., escribió: Cuando la
Doctrina Secreta esté lista, será una triple producción de M., Upasika y
mía".
Es evidente que tales notas nos invitan a la meditación. Empero, es
ostensible que la V.M., interpretó las enseñanzas adaptándolas a la época.
Agotados los teóricos estudios de tipo Teosóficos, practiqué con
intensidad RAYAYOGA, BHAKTI, JNANA‑Yoga, Karma‑Yoga, etc., etc., etc.
Múltiples beneficios psíquicos obtuve con las Yogas prácticas
preconizadas por esa venerada institución.
Como quiera que la meritísima Maestra H.P.B., consideró siempre a la
HATHA‑YOGA como algo demasiado inferior, me es dable manifestar que jamás me
interesé por tal rama de la YOGA Indostán.