CAPÍTULO XIX
PERSECUCIONES
En las vertientes tropicales de la Sierra Nevada, a orillas del
"Macuriba" o "Mar Caribe", yo hube de recapitular pacientemente
los diversos procesos esotéricos iniciáticos de la Tercera, Cuarta y Quinta
Iniciaciones del Fuego.
Allí vivía austero con cierto grupo muy selecto de estudiantes
Gnósticos, muy lejos de tanto sandio, panarra, pazguato, del vano
intelectualismo...
Probos e irreprochables anacoretas Gnósticos, agradecidos habíanme
construido con maderas de aquellos bosques, sencilla morada...
Quiero evocar ahora siquiera por un momento a todos esos esclarecidos
varones, algunos de los cuales en estos instantes sobresalen como notables
Misioneros Internacionales....
¡Desde esta mi antigua tierra mexicana os saludo, perínclitos señores
de la Nevada Sierra Sur Americana!...
Quiero incluir también dentro de estas mis salutaciones, a sus mujeres
y sus hijos y a los hijos de sus hijos...
¡Cuan dichoso moraba en aquel nemoroso refugio del boscaje profundo,
fuera del mundanal bullicio!...
Entonces retorné a los paraísos elementales de la naturaleza y los
príncipes del fuego, los aires, las aguas y la perfumada tierra, me entregaron
sus secretos...
Un día cualquiera, no importa cual, algunos de estos cenobitas del
Gnosticismo UNIVERSAL, afanosos tocaron en la puerta de mi morada para
suplicarme apagara el fuego.
El crepitar incesante el ígneo elemento, avanzaba terrible a través de
la espesa umbría, incinerando todo lo que hallaba a su paso...
Espantosa cremación amenazaba a cultivos y cabañas. En vano se
hicieron zanjas, cunetas, con el propósito de detener la marcha triunfal del
fuego.
El Ígneo Elemento traspasaba ardiente todo foso y arroyada, amenazando
inclemente todas las inmediaciones, contornos, afueras y aledaños...
Obviamente, yo jamás he sido bombero o "tragahumos" como
simpáticamente se les apoda a esos heroicos servidores públicos...
Empero, confieso francamente y sin ambages, que en esos instantes la
suerte de todos estos hermanos Gnósticos estaba en mis manos. ¿Que hacer?.
Yo anhelaba servirles del mejor modo posible y ésta era, fuera de toda
duda, una de mis mejores oportunidades...
Infando, absurdo y hasta ingrato habría sido negar tan urgente
auxilio. No sólo se paga KARMA por el mal que se hace, sino por el bien que se
deja de hacer, pudiéndose hacer.
Así, pues, resolví operar mágicamente: avanzando sobre mis pies hasta
la alcandora titánica, me senté muy cerca de allí y luego me concentré en el
Intimo...
Orando secretamente le supliqué al mismo, invocara a "AGNI",
el ingente y preclaro Dios del Fuego...
El Intimo escuchó mi plegaria y clamó con gran voz, como cuando un
león ruge, llamando a "AGNI", y siete truenos repitieron sus voces...
Presto estuvo a mi lado el brillante Señor del Fuego, el
resplandeciente Hijo de la llama; el Omnimisericordioso...
Yo le sentí en toda la presencia de mi Ser y le rogué en nombre de la
"Caridad Universal" disipara aquel incendio...
Ostensiblemente, el Bendito Señor de Perfección consideró justa y
perfecta mi demanda...
En forma inusitada surgió de entre el misterio azul del boscaje
profundo, una suave brisa perfumada que modificó totalmente el rumbo de esas
lenguas de fuego, y entonces de disipó totalmente la candelada...
Otro día, cuando platicaba ante los Cenobitas Gnósticos, en un claro
muy bello de la espesura del bosque, muy cerca de las cabañas, nos vimos de
pronto amenazados por torrencial aguacero...
Anhelante me concentré en el Intimo, orando intensamente y pidiéndole
invocara a "PARALDA", el Genio Elemental de los inquietos Silfos del
Aire.
Olímpico acudió aquel Deva con el evidente propósito de auxiliarme; yo
aproveché la magnífica oportunidad que se me ofrecía y le rogué alejara de
aquellos contornos las tormentosas nubes...
Incuestionablemente, estas últimas se abrieron sobre nuestras cabezas
en forma de círculo, y luego se marcharon ante los asombrados místicos de aquel
rincón del amor...
Por esos tiempos, los hermanos Gnósticos viajaban semanalmente hasta
las playas arenosas del borrascoso ponto...
LITELANTES les encomendaba a aquellos penitentes sinceros, nos
trajesen peces y hasta legumbres y frutas, que en la Nevada Sierra no era
posible cultivar debido al hambre feroz de las implacables hormigas...
Estas involucionantes criaturas devoraban insaciables, flores, frutas
y verduras y ciertamente nada podía detenerlas. Así es la vorágine de la selva;
esto lo saben muy bien los Divinos y los Humanos. Las rondas nocturnas de las
"Tambochas" u hormigas, son ciertamente espantosas.
Las sierpes venenosas, tales como la temible "Talla X" y
esas otras reconocidas desde los antiguos tiempos con los clásicos nombres de
"Cascabel", "Coral" y "Mapaná", medraban
espantosas por doquiera, aquí allá y acullá...
Aún recuerdo a un viejo curandero de la montaña, llamado Juan; ese
varón moraba con su esposa en lo más profundo del bosque...
Cual buen Samaritano del Antiguo Testamento, aquel hombre con sus
preciosos bálsamos sanaba a los humildes montañeros mordidos por las víboras...
Desafortunadamente, aquel señor odiaba a las culebras, e implacable y
vengativo las mataba sin consideración alguna...
Amigo Juan, le dije un día:
Usted está en guerra contra las víboras y éstas se preparan para
defenderse. Vamos a ver quien gana la batalla...
‑"Yo odio a las culebras"...
‑Mejor sería que usted las amara; recuerde que las serpientes son
clarividentes; en el aura astral de esas criaturas resplandece el Zodíaco
maravilloso y saben, por experiencia directa, quien las ama de verdad y quien
las aborrece...
‑"Yo no puede amarlas"...
"Siento que se me descompone el cuerpo cuando las veo..."
"Culebra que se me atraviese en mi camino la mato..."
‑¡Oh, buen anciano! Doce serpientes os han mordido y cuando la decimotercera
os hiera, moriréis.
Un poco más tarde, cerca a su cabaña solitaria, el viejo fue mordido
por una temible culebra que, enroscada tres veces y media, escondida le
aguardaba...
Se cumplió mi profecía; el viejo curandero falleció con el Arcano
Trece de la Kábala; ninguno de sus amigos pudo encontrar a la venenosa
sierpe...
El anciano médico portaba siempre entre su morral algunas plantas
maravillosas; recordemos a las cinco capitanas:
Capitana Solabasta.
Capitana Gerarala.
Capitana Silvadora.
Capitana Pujadora.
Capitana Lengua de Venado.
Milagrosos vegetales no clasificados por la botánica y sólo conocidos
en la Nevada Sierra, cerca de las tormentosas aguas del "Macuriba".
Extraordinarias plantas mediante las cuales el viejo curandero del bosque
solitario, sanaba a las víctimas de las serpientes.
No hay duda de que el viejo las usaba terapéuticamente en forma muy
sabia, recetándolas, ya en forma oral, como te o tisanas, o en forma externa,
haciendo lavar la herida o heridas con el cocimiento de tales vegetales.
Los eremitas Gnósticos de la Nevada Sierra, jamás mataban a las
peligrosas víboras; ellos aprendieron a amarlas sinceramente...
Como consecuencia de este proceder, se ganaron la confianza de las
temibles sierpes; ahora tales culebras venenosas se han convertido en
guardianas del templo...
Cuando estos anacoretas de la montaña querían alejar a las serpientes,
cantaban llenos de fe los siguientes mantrams: "OSI... OSOA...
ASI..."
Cada vez que esos ermitaños anhelaban de verdad encantar mágicamente a
las terribles culebras, silabeaban las misteriosas palabras: "OSI...
OSOA... ASI..."
¡Jamás místico alguno de aquella montaña suprimió la vida de alguna
sierpe! Esos cenobitas aprendieron a respetar toda existencia... empero hay
ciertas excepciones; tal es el caso de la preciosa culebra cascabel...
GAVILANES
Surgen en mi mente, en estos instantes, silvestres reminiscencias,
recuerdos de montaña, evocaciones salvajes...
¡Cuánto sufrían aquellos penitentes con las crueles aves de
rapiña!...Los astutos gavilanes asolaban los corrales, llevándose entre sus
garras a pollos y gallinas...
Yo vi muchas veces a esos sanguinarios pajarracos sobre las ramas de
los vecinos árboles posados, acechando a sus indefensas víctimas...
Tragar y ser tragado es la Ley del eterno "TROGOAUTOEGOCRATICO
CÓSMICO COMÚN"; recíproca alimentación de todos los organismos.
Incuestionablemente, tal reciprocidad, correspondencia o mutualidad,
deviene íntimamente del elemento activo omnipresente "OKIDANOKH".
PERSECUCIONES
¡Cuán felices morábamos en nuestras cabañas del bosque solitario!
Desafortunadamente vinieron nuevas persecuciones...
Profanas gentes de las vecinas aldeas, se dieron a la tarea ‑por
cierto no muy bella ‑ de propagar, contra nos, variadas infundías difamantes...
La comadrería de las señoras, el embuste de los caballeros, el
chirimbolo, el cachivache, la cinchorrería, asumió monstruosas figuras y se
desató la tempestad...
Incuestionablemente, yo me convertí en el personaje central del drama,
contra el que fuera lanzado todo destello, chispazo, fusilazo...
Ese orden de cosas se fue entonces poniendo cada día de mal en peor, y
al fin surgió por ahí el acusetas, el soplón el denunciante...
Alarmada la policía me buscaba por doquiera con órdenes categóricas de
aplicarme la ley de fuga...
Ciertamente no era yo para esos pobres gendarmes un simple bolinero o
alborotador del pueblo al estilo de Pablo de Tarso, sino algo peor: un brujo
del averno escapado de misteriosos Aquelarres, un pajarraco del mal agüero, un
monstruo que era indispensable encarcelar o matar...
Una noche estrellada, hallándome en estado de éxtasis, fui visitado
por un Mahatma, quien tomando la palabra dijo:
"Viene en tu búsqueda mucha gente armada; tú debes irte por otro
camino".
No está demás aseverar con gran énfasis que yo siempre se obedecer las
órdenes de la Fraternidad Universal Blanca...
Aprovechando el silencio nocturnal, bajé de la montaña por un
escarpado y difícil camino. En "El Plan" ‑como denominan los eremitas
Gnósticos a las tierras costeras ‑, fuera de la Sierra, fui recogido por el
Venerable Maestro GARGHA KUICHINES. El nos transportó en su carruaje hasta una
hermosa ciudad.
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