CAPÍTULO XL
CIELO DE SATURNO
El Séptimo trabajo de Hércules, el Héroe Solar, es la subsecuente
captura de las yeguas de Diómedes, Hijo de Marte y Rey del pueblo guerrero de
los Bistonios, que mataban y se comían a los náufragos que llegaban a esas
costas.
Hércules y sus compañeros sólo logran apoderarse de aquellas bestias
después de feroz combate con los Bistonios, quienes con Diómedes, habían
acudido a defender sus posesiones, a los que vencen, quedando el Rey dado en
pasto a esas hembras antropófagas.
En los Infiernos Saturnianos hube de capturar y destruir a las yeguas
de Diómedes; infrahumanos elementos pasionarios, profundamente sumergidos en
mis propios abismos inconscientes...
Simbólicas bestias junto a las aguas espermáticas del primer instante,
dispuestas siempre a devorarse a los fracasados...
Por aquella época de mi actual existencia, fui atacado incesantemente
en el tenebroso Tártarus...
Los Adeptos de la mala magia Atlante, resolvieron combatirme con
inaudita ferocidad y yo hube de defenderme valerosamente...
Núbiles damas adorables; bellezas malignas, exquisitamente peligrosas,
me asediaron por doquiera....
Incuestionablemente en los Saturnianos Infiernos, experimentamos,
vivenciamos, revivimos, los terrores Atlantes...
"Hércules, como dice Aeliano (Varias Historias, libro V, C.3),
limpió la Tierra y los mares de todo género de monstruosidades, que no de
monstruos, venciendo al Necromante Briareo, el de los cien brazos, en uno de
sus célebres trabajos o triunfos sobre la mala magia Atlante que se había
enseñoreado de toda la Tierra".
Hércules, el verdadero Krishnar Arios del Mahabharata, presintiendo la
catástrofe final Atlante que se avecinaba y con ella la desaparición del Divino
Jardín de la Hespérides, trasplantó, doquiera que fue, es decir en todo el
Penjab, el Asia Menor, la Siria, el Egipto, Grecia, Italia, Germanía, las Islas
Británicas, España, Mauritania y aún América, bajo el nombre de QUETZALCOATL
(La Serpiente Blanca Luminosa), el simbólico árbol Iniciático que a todos estos
países les salvará de la catástrofe.
Empero, escrito está: "De todo árbol del Huerto podrás comer; mas
del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él
comieres morirás".
Embriagarnos con el aroma delicioso de la fruta prohibida, es
indispensable, así lo enseñó Hércules...
A la vista de la barrera del océano infranqueable para el hombre,
Hércules, lleno de Titánica rebeldía, tendió su arco contra el Sol como si
fuese a herirle para detenerle en su rauda carrera allende el Océano, en el que
se iba a sepultar y hacia donde él no podía seguirle, pero el Dios Apolo le
mandó que se estuviese quedo y paciente ‑porque sólo con paciencia infinita se
puede realizar "el Magnus Opus", "la Gran Obra" ‑en premio
de lo cual le regaló un "Vaso de Oro", el "Santo Grial",
resplandeciente símbolo eternal del Útero o YONI femenino...
Es incuestionable que la Saeta de Hércules no es sino la Piedra
Magnes, el PHALO o lanza de Longibus, el Centerión romano; aquella con la cual
éste hiriera el costado del Señor, la misma Pica Santa mediante cuyo poder
secreto Parsifal sanara la herida en el costado de Amfortas...
Con los milagrosos poderes de estas reliquias venerandas, derroté en
cruentas batallas al Rey de los bistonios, a los caballeros del Grial Negro, a
KLINGSOR, el EGO animal...
Finalizado el Saturnino trabajo en la morada de Plutón, fui entonces
transportado en el EIDOLÓN a la
"Tierra Solar" de los Hiperbóreos...
Esa es la Isla de Avallón; la Mágica Región "JINAS" donde
habitan los Dioses Santos...
Sublime Isla de Apolo; tierra firme en medio del océano de la gran
vida libre en su movimiento...
fAh!... Si el Emperador Federico en el Medievo hubiera realizado en sí
mismo el Misterio del Grial, el Misterio Hiperbóreo... Es indubitable que
entonces habría vuelto a florecer en forma espléndida el árbol seco del
Imperio... Es ostensible que el Reino del Grial habría reaparecido maravilloso,
dentro del mismo Sacro Imperio Romano...
La senda de la vida está formada con las huellas de los cascos del
caballo de la muerte...
No es posible realizar en sí mismo el Misterio Hiperbóreo sin haber
sido antes juzgado en la Vasta Sala de la Verdad‑Justicia...
No es posible realizar dentro de sí mismo el Misterio del Grial, sin
haber sido pesado antes el corazón del Difunto en el platillo de la Balanza que
lleva la Verdad‑Justicia...
No es posible la AUTO‑REALIZACIÓN INTIMA del SER, sin haber sido
declarado "Muerto" en la "Sala de la Verdad‑Justicia".
Dice la Leyenda de los Siglos que muchos Iniciados viajaron en el
pasado hasta el país del Hermano Juan ‑la Tierra solar‑ para recibir cierta
Consagración Esotérica, mágica muy especial....
Estos Hermanos de la "Orden de San Juan" en la "Isla
del Apolo Solar", están bien muertos...
No es, pues, extraño el que yo también hubiese tenido que viajar hasta
la "Tierra de Luz" o "Tierra solar".
En el vestíbulo glorioso del Sancta Saturnial, ante los regios Seres,
sentado hube de contestar ciertas preguntas. Los dioses Santos tomaron notas en
un gran libro...
En esos místicos instantes surgieron, en toda la presencia de mi Ser
Cósmico, algunas remembranzas...
¡Ah!... Yo había estado allí antes y en el mismo lugar Santo, ante los
Tronos Venerables, hace muchos millones de años, por la época del Continente
"MU" o Lemuria...
Ahora regresaba victorioso después de haber sufrido mucho. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!...
Llenados los indispensables requisitos esotéricos, salí del vestíbulo
y entré en el Templo...
Incuestionablemente el Templo de Saturno en "la Tierra
Solar", "Jina", de las regiones Septentrionales, estaba lleno de
intensas tinieblas...
Es ostensible que el Sol y Saturno alternan su trabajo en el gobierno
del Mundo...
Y vi Tronos y se sentaron... Los Ángeles de la Muerte iban y venían,
por aquí, por allá y acullá...
Gentes Divinas llegaron al templo; vinieron de diversos lugares de la
Isla encantada, situada en el extremo del mundo...
"THULE última a sole nomen habens". "Ajryanem‑Vaejo"
el país Septentrional de los viejos Persas, donde está ubicado mágicamente el
Palacio del Rey Arturo, como el Mitgard, la resplandeciente residencia
Sacrosanta de los "Ases", los señores inefables del Norte...
"¡Oh, Maat! ¡Heme aquí que llegó ante ti! ¡Déjame pues contemplar
tu radiante hermosura! ¡Mira, mi brazo se levanta en adoración a tu nombre
sacrosanto!".
"¡Oh, Verdad‑Justicia, escucha! Llego ante los lugares en que los
árboles no se dan, en que el suelo no hace surgir las plantas..."
La figura esquelética del Dios de la Muerte, en el estrado del
Santuario, pesó mi corazón en la balanza de la Justicia cósmica, ante la
Humanidad Divina.
Aquel Verbo de Potencia, ante los brillantes seres vestidos con los
cuerpos gloriosos de KAM‑UR, me declaró "MUERTO"...
En la tarima del Santuario se veía un simbólico ataúd, dentro del cual
aparecía mi cadáver...
Así fue como volví al Cielo de Saturno, al PARANIRVANA, la morada de
los Tronos.
Así fue como reconquisté ese estado Jerárquico que otrora había
perdido, cuando cometiera el grave error de comer de las manzanas de oro del
Jardín de las Hespérides...
Posteriormente pasé por la Ceremonia de la Muerte: Al retornar a casa
me hallé con algo inusitado...
Vi carteles funerales en los muros de mi mansión, anunciando mi muerte
e invitando a mi sepelio...
Cuando traspasé el umbral encontré con místico asombro un ataúd de
color blanco y muy hermoso...
Es ostensible que dentro de aquella caja funeral yacía mi cadáver,
completamente frío e inerte...
Muchos parientes y dolientes, alrededor de aquel féretro, lloraban y
sollozaban amargamente...
Flores delicias embalsamaban con su aroma el ambiente de aquella
pieza...
Me acerqué a mi madre, que en esos instantes enjugaba con un pañuelo
sus lágrimas...
Besé sus manos con amor infinito y exclamé: Gracias te doy ¡Oh Madre!
Por el cuerpo físico que me disteis; mucho me sirvió ese vehículo; fue
ciertamente un instrumento maravilloso, pero todo en la vida tiene un principio
y un fin...
Cuando salí de aquella morada planetaria, dichoso resolví flotar entre
el Aura del Universo.
Me vi a mí mismo convertido en un niño, sin Ego, desprovisto de los
elementos subjetivos de las percepciones...
Mis pequeños zapatitos infantiles no me parecieron muy hermosos; por
un momento quise quitármelos, mas luego me dije a mí mismo: El me vestirá como
quiera....
En ausencia del mortificante intelecto, que a nadie hace feliz, sólo
existía en mí el más puro sentimiento...
Y cuando me acordé de mi anciano padre y de mi hermano Germán, me
dije: ellos ya murieron...
Y al recordar a todos esos dolientes que dejaba en el Valle doloroso
del SAMSARA, exclamé: ¿Familia? ¿Cuál? Ya no tengo familia...
Sintiéndome absolutamente desencarnado, me alejé con la intención de
llegar a un remoto lugar donde debería ayudar a otros...
En tales momentos de místico encanto, me dije: Por mucho tiempo no
volveré a tomar cuerpo físico...
Posteriormente sentí que el Cordón de Plata, el famoso ANTAKARANA, el
Hilo de la vida, todavía no se había roto; entonces hube de regresar al Cuerpo
Físico para continuar con el duro bregar de cada instante...
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