CAPÍTULO XXII
LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS
El ascenso luminoso de la Tercera Serpiente de Luz hacia adentro y
hacia arriba por el brillante Canal Medular Espinal del Cuerpo Venusta de la
correspondiente Iniciación del Fuego...
No es posible escribir dentro del estrecho marco de este tratado, todo
lo que antaño aprendiera en todas y cada una de las treinta y tres cámaras
santas...
La revolución extraordinaria de la Tercera Culebra radiante se procesó
muy lentamente de acuerdo con los méritos del corazón tranquilo...
Cuando la víbora luminosa traspasó el umbral de la Tercera Cámara
Secreta del Templo‑Corazón, obviamente me sentí transfigurado...
¿Es esto, acaso, algo demasiado raro? ¿No le sucedió lo mismo a Moisés
en el Monte Nebo? Incuestionablemente no soy el primero a quien esto le suceda,
ni tampoco el último...
En tales momentos de bienandanza, transportado fui ante la presencia
del aquel ínclito varón de preclara inteligencia y noble faz, que antaño
conociera cuando yo tan sólo era un tierno adolescente...
Quiero referirme francamente y sin ambages, al profesor de aspirantes
a Rosa‑Cruz, citado en el capítulo cinco de este mismo tratado.
Desafortunadamente ese insigne señor no pudo verme ni siquiera en
plena transfiguración...
"La emocionante y sublime escena de la Transfiguración de Jesús,
sobre la cual, como sobre la ascensión, los que se tienen por Cristianos jamás
han meditado lo bastante, aparece descrita por Lucas (IX, 18‑37) en los
términos siguientes:"
"Y aconteció que estando Jesús orando, preguntó luego a sus
discípulos: ¿Quién dicen las gentes que soy yo?" "Y ellos le
respondieron:" "Unos dicen que eres Juan el Bautista ‑IOAGNES, RA o
el Cordero de Dios ‑; otros dicen que eres Elías, y otros muchos que en ti ha
resucitado alguno de los antiguos profetas".
"A lo que Jesús añadió:" "Y vosotros, ¿quién decís que
soy yo?"; respondiendo Simón Pedro: ¡Tú, el Cristo de Dios eres!".
"El entonces les conminó para que no dijesen nada a nadie acerca de todo
aquello, diciéndoles:
"Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas y que
sea desechado de los ancianos y de los príncipes, de los sacerdotes y de los
escribas, y que sea entregado a la muerte y que resucite al tercero día".
"Y añadía a todos".
"Quien desee venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, (disuelva
el EGO), tomé día tras día su Cruz (practique Magia Sexual) y sígame,
(sacrifíquese por la humanidad)".
"Porque el que quiera salvar su alma ‑el egoísta que nunca se
sacrifica por sus semejantes ‑, la perderá, y el que por amor a mí quiera
perder su alma ‑el altruista que sube al Ara del Supremo Sacrificio por la
Humanidad ‑, ese, la salvará".
"Porque, ¿Qué aprovecha a un hombre el granjearse todo lo del
mundo, si se daña y se pierde a sí mismo?".
"Pues quien se afrentase de mí y de mis palabras, se afrentará
del Hijo del Hombre, cuando viniese con toda su majestad y la del Padre y de
sus Santos Ángeles".
"Más os digo en verdad, que algunos hay que no gustarán de la
muerte hasta que vean por sí mismos el Reino de Dios".
"Y después de este pasaje, que tomando a la letra se refiere sólo
a Jesús, pero que tomado simbólicamente o en "Espíritu", se refiere,
en efecto, a todos los hombres, como más adelante veremos, continúa el texto
con la escena de la transfiguración, diciendo:"
"Y aconteció, como ocho días después de estas palabras ‑y como si
el hecho, añadimos nosotros, viniese a ser una corroboración práctica y
tangible de ellas‑, que tomando Jesús a sus discípulos Pedro, Santiago y Juan,
subió a un monte para orar".
"Y al par que hacía el Maestro su oración, se cambió e hizo otra
la gira de su rostro, y sus vestiduras se tornaron blancas y
resplandecientes".
"Y he aquí que con Jesús hablaban dos varones. Y estos eran
Moisés y Elías, que aparecieron llenos de majestad y que le hablaban de su
salida, o de Jerusalém".
"Mas Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño y,
despertando, vieron la gloria de Jesús y de los dos varones que con él
estaban".
"Y cuando éstos se apartaron de él, dijo Pedro a Jesús no
sabiendo lo que se decía: Maestro, bueno es que nos estamos aquí: Hagamos tres
tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
"Y mientras Pedro decía esto, vino una gran nube que los
envolvió, causándoles gran pánico".
"Y de la nube salió una voz que decía:" ¡Este es mi Hijo
Amado! ¡A él escuchad! "Y cuando la voz cesó, hallaron ya sólo a Jesús. Y
ellos callaron y a nadie dijeron cosa alguna de lo que habían visto y
oído"...
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