CAPÍTULO VI
EL CORSARIO
Para ciertas personas demasiado superficiales, la teoría de la
reencarnación es un motivo de risa; para otras muy religiosas, puede significar
un Tabú o pecado; para los SEUDO‑OCULTISTAS, esta es una creencia muy firme;
para los bribones del intelecto esto es una utopía descabellada; empero, para
los hombres que recordamos nuestras existencias anteriores, la reencarnación es
un hecho.
En nombre de la verdad debo aseverar solemnemente que yo nací
recordando todas mis pasadas reencarnaciones y jurar esto no es un delito. Soy
un hombre de conciencia despierta.
Obviamente debemos hacer una franca diferenciación entre REENCARNACIÓN
y RETORNO (dos leyes muy distintas), empero, este no es el objetivo del
presente capítulo. Después de este preámbulo vamos a los hechos, al grano.
Antaño, cuando los mares del mundo estaban infestados de buques
piratas, hube de pasar por una tremenda amargura.
Entonces el BODDHISATTWA del Ángel "DIOBULO CARTOBU", estaba
reencarnado.
No está demás afirmar, con cierto énfasis, que aquel Ser poseía cuerpo
femenino de espléndida belleza. Es ostensible que yo era su padre.
Desafortunadamente y en malhada hora, la cruel piratería que no respetaba
vidas ni honras; después de asolar el poblado europeo donde muchos ciudadanos
morábamos en paz, secuestró a las hermosas del lugar, entre las cuales, es
claro, que estaba mi hija, doncella inocente de los tiempos idos.
A pesar del terror de tantos aldeanos, yo conseguí valientemente ‑y
poniendo en peligro mi propia vida‑, enfrentarme al alevoso capitán de la
corsaria nave.
¡Saque Ud. a mi hija de entre ese infierno donde la ha metido y le
prometo que yo sacaré su alma de entre el infierno donde ya está metido! Tales
fueron mis dolorosas exclamaciones.
El terrible corsario, mirándome fieramente, se apiadó de mi
insignificante persona y con imperativa voz me ordenó aguardara un momento.
Yo vi con ansiedad infinita al filibustero tornando a su nave negra;
entiendo que supo burlar astutamente a sus despiadados lobos de mar; lo cierto
es que momentos después me devolvía a mi hija.
¡Válgame Dios y Santa María! Pero quién iba a pensar que después de
varios siglos habría de re‑encontrar al EGO de ese terrible corsario, re‑incorporado
en un nuevo organismo humano?.
Así es la ley del eterno retorno de todos los seres y las cosas; y
todo se repite de acuerdo con otra ley que se llama recurrencia.
Una noche de grandes inquietudes espirituales le reencontré gozoso entre
el selecto grupo de aspirantes a Rosa‑Cruces.
Aquel viejo corsario parlaba también el idioma inglés y hasta me
manifestó haber viajado mucho, pues fue marino de una empresa naviera
norteamericana.
Aquella amistad resultó, sin embargo, "un fuego fatuo", una
"llamarada de petate", pues bien pronto hube de verificar plenamente
que tal hombre, a pesar de sus místicos anhelos, continuaba, en sus trasfondos
más íntimos, como antiguo corsario vestido a la moderna.
Aquel caballero de marras se entusiasmaba mucho relatándome sus
"experiencias astrales", pues es incuestionable que sabía desdoblarse
a voluntad.
Cualquier día de esos tantos concertamos una cita metafísica
trascendental, en el S.S.S., de Berlín, Alemania.
Esta fue para mí una experiencia relativamente nueva, pues ciertamente
hasta entonces no se me había ocurrido todavía realizar el experimento de la
proyección voluntaria del EIDOLÓN; empero, sabía que podía hacerlo y por ello
me atreví a aceptar tal cita.
Con entera claridad recuerdo aquellos momentos solemnes en que me
convirtiera en espía de mi propio sueño...
En acecho místico aguardaba el instante de transición existente entre
vigilia y sueño; quería aprovechar ese momento de maravillas para escaparme del
cuerpo físico.
El estado de licitud y las primeras imágenes ensoñativas, fueron
suficientes como para entender en forma íntegra, que el ansiado momento había
llegado...
Delicadamente me levanté del lecho y caminando muy quedito salí de mi
casa sintiéndome poseído de cierta voluptuosidad espiritual, exquisita,
deliciosa...
Es incuestionable que al levantarme de la cama en instantes de estar
dormitando, se produjo el desdoblamiento astral, la separación muy natural del
EIDOLON...
Con ese brillo muy singular del cuerpo astral, me alejé de todos aquellos
contornos, anhelando llegar al templo de Berlín...
Ostensiblemente hube de viajar
deliciosamente sobre las procelosas aguas del Océano Atlántico...
Flotando serenamente en la radiante
atmósfera astral de este mundo, llegué a las tierras de la vieja Europa y de
inmediato me dirigí a la capital de Francia...
Anduve silente como un fantasma por todas
esas viejas calles que otrora sirvieran de escenario a la Revolución
Francesa...
De pronto, algo insólito sucede; una onda
telepática ha llegado a mi plexo solar y siento el imperativo categórico de
entrar en una preciosa morada...
En modo alguno, jamás me pesaría haber
traspasado el riquísimo umbral de tan noble mansión, pues allí tuve la inmensa
dicha de hallar a un amigo de mis pasadas reencarnaciones...
Dichoso flotaba aquel compañero,
sumergido en el ambiente fluídico astral, fuera del cuerpo denso que yacía
dormido entre el perfumado lecho de caoba...
En el tálamo nupcial dormía también el
cuerpo físico delicioso de su bienamada; el alma sideral de esta última, fuera
de su receptáculo mortal, compartía el gozo mirífico de su esposo y flotaba...
Y vi dos tiernos infantes de espléndida
belleza, jugando felices entre el encanto mágico de aquella morada...
A mi antiguo amigo saludé y también a su
Eva inefable, más los niños se espantaron con mi inusitada presencia.
Me pareció mejor salir por ahí, por esas
calles de París y mi amigo no rechazó la idea; platicando juntos, nos alejamos
de la mansión de las delicias...
Caminamos despacito, despacito, por todas
esas calles y avenidas que van desde el centro hasta la periferia...
En las afueras de aquella gran urbe, le
propuse ‑a quema ropa, como se dice por ahí ‑ visitáramos juntos el templo
esotérico de Berlín, Alemania; el iniciado aquel declinó muy amablemente la invitación
objetando que tenía esposa e hijos y que por ello sólo quería concentrar su
atención en los problemas económicos de la vida...
Con gran pesar me alejé de aquel hombre
despierto, lamentando que pospusiese su trabajo esotérico...
Suspendiéndome en la luz astral de las
maravillas y prodigios, pasé por encima de unos vetustos murallones
antiquísimos...
Dichoso viajé a lo largo del tortuoso
camino que en forma serpentina se desenvolvía aquí, allá y acullá...
Embriagado de éxtasis llegué hasta el
templo de las paredes transparente; la entrada a aquel lugar santo era
ciertamente muy singular...
Vi una especie de parque dominguero,
lleno todo con plantas bellísimas y flores exquisitas que exhalaban un hálito
de muerte...
En el fondo extraordinario de aquel
jardín encantador, resplandecía solemne el templo de los esplendores...
Las enrejadas puertas de hierro que daban
acceso al precioso parque del santuario, a veces se abrían para que alguien
entrase, a veces se cerraban...
Todo aquel conjunto delicado y maravilloso,
resaltaba iluminado con la inmaculada luz del espíritu universal de vida...
Ante el Sancto Sanctorum hallé dichoso a
muchos nobles aspirantes de diversas nacionalidades, pueblos y lenguas...
Místicas almas que durante aquellas horas
en que el cuerpo físico duerme, movidas por la fuerza del anhelo, habíanse
escapado de la densa forma mortal para venir hasta el SANCTA...
Sublimes platicaban todos esos devotos
sobre temas inefables; hablaban de la ley del KARMA, discurrían sobre asuntos
cósmicos extraordinarios... emanaban de sí mismos el perfume de la amistad y la
fragancia de la sinceridad.
En estado de bienandanza anduve aquí,
allá y acullá, buscando el atrevido filibustero que osado me pusiera tan
tremenda cita...
En muchos grupos irrumpí preguntando por
el consabido caballero de marras, más nadie supo darme respuesta alguna...
Comprendí entonces que aquel antiguo
pirata no había cumplido la palabra empeñada; ignoraba los motivos, me sentía
defraudado...
Silente resolví acercarme hasta la
gloriosa puerta del templo de la sabiduría; quise penetrar dentro del lugar
santo, más el guardián me cerró la
puerta diciéndome: "Todavía no es hora, retírate..."
Sereno, y comprendiéndolo todo, me senté
gozoso en la simbólica piedra, muy cerca del portal del misterio...
En esos instantes de plenitud me auto‑observé
en forma íntegra: ciertamente yo no soy un sujeto de psiquis subjetiva; nací
con la conciencia despierta y tengo acceso al conocimiento objetivo...
¡Cuán bello me pareció el cuerpo astral!
(Resultado espléndido de antiquísimas transmutaciones de la libido).
Recordé a mi cuerpo físico que ahora
yacía dormido en la remota lejanía del mundo occidental, en un pueblo de
América...
Auto‑observándome cometí el error de
confrontar a los vehículos astral y físico; por tales comparaciones perdí el
éxtasis y regresé instantáneamente al interior de mi densa envoltura
material...
Momentos después me levantaba del lecho;
había logrado un desdoblamiento astral maravilloso...
Cuando severamente pregunté al viejo
filibustero sobre el motivo por el cual no fue capaz de cumplir con su palabra,
no supo darme una respuesta satisfactoria.
Treinta y cinco años transcurrieron desde
aquella época en que ese viejo lobo de mar y yo, concertáramos tan misteriosa
cita...
Allende el tiempo y la distancia, aquel
extraño personaje era ya tan sólo un recuerdo escrito entre las empolvadas
páginas de mis viejos cronicones...
Empero, confieso, sin ambages, que
después de tantos años hube de ser sorprendido con algo insólito...
Una noche de primavera, hallándome
ausente de la densa forma perecedera, vi al Señor SHIVA, (EL ESPÍRITU SANTO),
mi Sacra Monada SUPER‑INDIVIDUAL, con la semblanza inefable del "ANCIANO
DE LOS DÍAS"...
Amonestaba el Señor con gran severidad al
viejo corsario de los mares; es incuestionable que el cuerpo físico de este
último, a esas horas de la noche yacía dormido entre el lecho...
Anhelante quise intervenir como tercero
en discordia. El viejo de los siglos en forma categórica me ordenó quietud y
silencio...
Antaño el Pirata aquel me había devuelto
a mi hija, la había sacado del infierno donde él mismo la había metido...
Ahora mi Real Ser ‑SAMAEL‑ bregaba por
libertarle, por emanciparle, por sacarle de los MUNDOS INFIERNOS...
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