CAPÍTULO XX
EL SECRETO DEL ABISMO
Excluyendo de mi mente toda posible farfulla, sin jactancia alguna,
humildemente, confieso francamente y sin ambages, que después de haber subido
por las cinco gradas de las Ígneas Iniciaciones, me fue urgente el desarrollo
en la Luz con los Ocho Grados de la Iniciación Venusta.
Trabajar en la "Fragua Encendida del Vulcano" (El Sexo),
resulta inaplazable cuando de verdad se quiere el completo despertar de la primera
serpiente de luz.
Escrito está con palabras de oro en el libro de todos los esplendores,
lo siguiente: "EL KUNDALINI se desarrolla, revoluciona y asciende, dentro
del Aura maravillosa del MAHACHOHAN".
Incuestionablemente primero trabajamos con el fuego y luego con la
luz; jamás debemos confundir a las sierpes del Fuego con las víboras de la
Luz...
El ascenso extraordinario de la primera serpiente de luz hacia adentro
y hacia arriba a lo largo del Canal Medular Espinal del Cuerpo físico, me
permitió conocer el secreto del abismo.
El fundamento de tal secreto se encuentra en la Ley de la Caída, tal
como fue formulada por San Venoma.
He aquí la formulación que el citado Maestro dio a esta ley cósmica
por él descubierta:
"Todas las cosas que existen en el mundo caen hacia el fondo. Y
el fondo, para cualquier parte del Universo, es su estabilidad más próxima, y
dicha estabilidad es el lugar o punto sobre la cual convergen todas las líneas
de fuerza provenientes de todas direcciones".
"Los centros de todos los soles y de todos los planetas de
nuestro universo son precisamente esos puntos de estabilidad. No son sino los
puntos inferiores de aquellas regiones del espacio, hacia las cuales tienden
definitivamente las fuerzas provenientes de todas las direcciones de aquella
parte dada del universo. También se concentra en estos puntos el equilibrio que
permite a los soles y planetas mantener su posición".
"El Tigre del Turquestán", comentando, dice:
"Al enunciar su
principio, San Venoma dijo además que al caer las cosas en el espacio,
dondequiera que ello fuese, tendían a caer hacia uno u otro sol, o hacia uno u
otro planeta, según a qué sol o planeta perteneciera aquella parte dada del
espacio en que caía el objeto, constituyendo cada sol o planeta, en esa esfera determinada, la
estabilidad o fondo".
Los anteriores
párrafos entre comillas citados, aluden claramente a los dos aspectos, externo
e interno, de la Ley de la Gravedad.
Lo exterior es tan
sólo la proyección de lo interior. Siempre se repite en forma tridimensional la
gravitación secreta de las esferas...
El núcleo central de
esta masa planetaria en que vivimos, es, fuera de toda duda, el lugar o punto
matemático donde convergen todas las líneas de fuerza provenientes de diversas
direcciones.
En el centro de
estabilidad planetaria se encuentran y equilibran recíprocamente las fuerzas involutivas y
evolutivas de la naturaleza.
Oleadas esenciales
inician su evolución en el reino mineral; prosiguen con el estado vegetal;
continúan en la escala animal y por último alcanzan el nivel del tipo humanoide
intelectivo.
Oleadas de vida
descienden luego involucionando de acuerdo con la Ley de la Caída, reviviendo
procesos animales, vegetales y minerales, hacia el centro de gravedad
terrestre.
Gira la rueda del
SAMSARA: por el lado derecho asciende ANUBIS evolucionante y por el izquierdo
desciende TIPHON involucionante.
La estadía dentro del
estado "HUMANOIDE INTELECTIVO" es algo demasiado relativo y
circunstancial.
Con mucha justeza se
nos ha dicho, que cualquier período "HUMANOIDE" consta siempre de
ciento ocho vidas de tipo evolutivo e involutivo que se procesan y repiten
siempre, ya en espiras más elevadas, ya en espiras más bajas.
ACLARO: A cada período
"HUMANOIDE RACIONAL" se le asignan siempre ciento ocho existencias
que guardan estricta concordancia matemática con el mismo número de cuentas que
forman el collar del BUDDHA.
Después de cada época
"HUMANOIDE", de acuerdo con las leyes del tiempo, espacio y
movimiento, gira inevitablemente la rueda del Arcano Diez del TAROT; entonces
resulta palmario y manifiesto que las oleadas de vida Involucionante descienden
en el reino mineral sumergido hacia el centro de estabilidad planetaria, para
re‑ascender Evolutivamente un poco más tarde.
Cualquier nuevo re‑ascenso
evolutivo desde el centro de gravedad terrestre, exige previa desintegración
del "MI MISMO". Esta es la Muerte Segunda.
Como quiera que la
esencia está embotellada entre el EGO, la disolución de este último se hace
indispensable a fin de que aquella se libere.
En el centro de
estabilidad planetaria se restaura la prístina pureza original de toda esencia.
Tres mil veces gira la
rueda del SAMSARA. Comprender esto, captar su honda significación es
indispensable e inaplazable si es que realmente anhelamos la liberación final.
Continuando con el
presente capítulo es necesario llamar la atención del lector, con el propósito
de aseverar lo siguiente: concluidos los tres mil períodos de la gran rueda,
cualquier tipo de AUTO‑REALIZACIÓN INTIMA resulta imposible.
En otras palabras, es
necesario afirmar el hecho ineludible, de que a toda Monada se le asignan
matemáticamente tres mil períodos para su AUTO‑REALIZACIÓN interior profunda.
Es indubitable que después de la última vuelta de la rueda las puertas se
cierran.
Cuando esto último
sucede, entonces la Monada, la Chispa Inmortal, nuestro Real Ser, recoge su
Esencia y sus principios para absorberse definitivamente entre el seno del
Espíritu Universal de Vida. (El supremo PARABRAHATMAN).
Escrito está con
misteriosos caracteres de fuego en el testamento de la Sabiduría Antigua, el
hecho concreto, claro y definitivo, de que muy pocas son las Monadas Divinales
o Chispas Virginales que realmente quieren la Maestría.
Cuando una Monada
cualquiera anhela ciertamente la Maestría, es incuestionable que la consigue
trabajando intensivamente a su Esencia.
Toda Esencia
íntimamente trabajada desde adentro por su Monada divina, es muy fácil
reconocerla en el mundo de las formas densas. Ese es el caso concreto de
cualquier persona con grandes inquietudes espirituales.
Ostensiblemente, tal
tipo específico de inquietudes místicas, jamás podría existir en personas cuyas
esencia no hubiere sido trabajada desde adentro por su correspondiente Monada
Divinal.
Alguna vez, hallándome
de vacaciones en el Puerto de Acapulco en las Costas del Pacífico, México, hube
de entrar en el estado Yógico de NIRVI‑KALPA‑SHAMADHI.
Quise entonces saber
algo sobre esas Monadas que, después de haber pasado por las tres mil vueltas
de la rueda del Samsara, habían perdido ya toda oportunidad cósmica.
Lo que vi en aquella
ocasión, lejos del cuerpo, de los afectos y de la mente, fue realmente
extraordinario...
Completamente
sumergido dentro de la "corriente del sonido", entre el océano
resplandeciente e inmaculado del Supremo Parabrahatman‑Atman, me metí por las
puertas de un templo inefable...
No fue necesario
interrogar, escudriñar e investigar; en toda la presencia de mi Ser pude
vivenciar la tremenda realidad de tales Monadas sublimes; ellas están más allá
del bien y del mal.
Pequeñísimas criaturas
inocentes, destellos de la Divinidad sin AUTO‑REALIZACIÓN, seres felices pero
sin Maestría.
Flotaban
deliciosamente aquellas nobles criaturas entre la blancura inmaculada del Gran
Océano; entraban al templo o salían; oraban y se prosternaban ante los BUDDHAS,
ante los Dioses Santos, antes los Mahatmas.
Incuestionablemente,
tales Monadas Divinas ven a los Maestros en la misma forma en que las hormigas
ven a los hombres.
Los AGNISVATAS, los
BUDDHAS de compasión, los Hierofantes, son para tal tipo de Monadas sin
Maestría, algo que no se puede entender, seres extraños, enigmáticos,
terriblemente Divinos...
En los SANCTAS o
iglesias de la vida libre en su movimiento, las citadas Monadas obedecen a los
Dioses Santos y les sirven con infinita humildad.
El gozo de aquellas
Monadas es muy bien merecido, pues la esencia de cada una de ellas conoció los
horrores del abismo y giró tres mil veces en la rueda del SAMSARA
AnteriorSiguiente