CAPÍTULO XLII EL CIELO DE NEPTUNO
CAPÍTULO XLII
EL CIELO DE NEPTUNO
Incuestionablemente
resulta muy complejo el Noveno Trabajo de Hércules, el Héroe Solar: La
conquista del Cinto de Hipólita, Reina de las Amazonas, el aspecto psíquico
femenino de nuestra propia naturaleza interior...
Embarcándose con otros
héroes legendarios, tiene que pelear primero con los Hijos de Minos ‑los Magos
Negros‑ luego con los enemigos del Rey Licos, cuyo exótico nombre nos recuerda
la analogía entre lobo y luz; ‑se trata, pues, de los Señores del KARMA, con
los cuales deberemos entonces arreglar negocios‑ y finalmente con las amazonas,
‑terribles mujeres tentadoras‑ suscitadas por Hera, aun cuando Hipólita había
consentido cederle su cinto pacíficamente, debido a lo cual la reina es
inútilmente sacrificada por la brutalidad masculina, que pretende apoderarse
violentamente de su innata virtud...
Ese cinto maravilloso,
análogo al de Venus y emblema de la femineidad, pierde todo significado y valor
al ser separado de su legítima poseedora; el Amor y no la Violencia hace, por
lo tanto, su conquista realmente significativa y valedera...
Habiéndose costeado el
Dios Neptuno el Continente Atlante, ahora sumergido en las procelosas aguas del
océano que lleva su nombre, dicen las tradiciones que engendró varios hijos en
una mortal mujer...
Junto a la isla do
habitara era todo llano, pero en medio de ella había un valle muy especial, con
un pequeño monte central distante cincuenta estadios de la arenosa playa...
En aquel monte moraba
uno de esos grandes seres nacidos en la tierra, llamado Evenor, quien, de su
mujer, Leucipe, había engendrado a Clitone, su única hija...
Muertos estos padres
de Clitone, Neptuno se casó con ella, y cercó el collado en que habitaba con
varios fosos de agua, de los cuales, según dice la leyenda de los siglos, tres
venían desde el mar y distaban por igual del océano, amurallando el collado
para hacerle inconquistable e inaccesible.
Esta Clitone o Minerva‑Neith
edificó en Grecia a Atenas y Sais en el famoso Delta del Nilo...
En memoria de todo
esto, los Atlantes edificaron el maravilloso Templo de Neptuno y Clitone...
En ese SANCTA fueron
depositados los cadáveres de los Diez Hijos de Neptuno, simbólico número
mágico...
No podemos dejar el
estudio del Número 10 sin tratar la bíblica obligación del diezmo, a la que se
sujetó voluntariamente el mismo Abraham, con relación al Rey Iniciado
Melchisedek...
Según relata el
capítulo XIV del Génesis: "Salió el Rey de Sodoma a recibirlo (a
ABRAHAM)... Entonces Melchisedek, Rey de
Salem ‑el cual era Sacerdote del Dios alto‑ sacó pan y vino, y bendíjole, y
dijo: Bendito sea Abraham del Dios alto, poseedor de los cielos y de la Tierra;
y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y dióle
Abraham los Diezmos de todo".
En su aspecto
EXOTERICO o público, la obligación del Diezmo, en la legislación judía, es el
deber universal que todos los hermanos de la Senda tiene de contribuir fielmente
con una parte de sus ingresos ‑que no debe ser inferior al Diezmo‑ en aquella
forma libremente elegida que juzguen más oportuna y eficaz, para sostener la
Causa de la Verdad y de la Justicia...
En su aspecto
ESOTERICO o secreto, el Diezmo simboliza la balanza de pagos en la esfera de
Neptuno...
Es incuestionable que
allí tenemos que arreglar cuentas con los enemigos del Rey Licos (Los Señores
del Karma).
Es indubitable que
todos nosotros asesinamos al Dios Mercurio, a HIRAM, y no es posible resucitarlo
dentro de nosotros mismos, sin haber antes pagado el abyecto delito...
Por consiguiente, el
diezmo viene a ser un complemento práctico y necesario del principio dinámico,
que emana del estudio profundo del décimo mandamiento, o sea:
Considerar como Fuente,
Manantial y Providencia espiritual de todo el Centro Interior y Divino de
nuestra Vida, al YOD Misterioso que se esconde en medio del Delta Central del
Santuario de Nuestro Ser...
Esclarecen este punto
del Diezmo las palabras evangélicas (Mateo, VI, 20): "Mas haceos tesoros
en el Cielo... porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro
corazón..."
El capítulo III de
Malaquías dice: "Traed todos los Diezmos al Alfolí, y haya alimento en mi
casa y probadme ahora en esto, si no os abriré las ventanas del cielo, y
vaciaré sobre vosotros bendiciones hasta que sobreabunde".
Cavando entre las
profundas entrañas del averno, trabajando intensamente en la "Novena
Esfera", yo buscaba con ansias infinitas el Tesoro del Cielo, el
"Vellocino de Oro" de los antiguos...
Los Hijos de Minos,
los Adeptos de la Mano Izquierda, los Levitas de siempre, iracundos me atacaban
incesantemente en los pavorosos abismos Neptunianos...
En la dura brega
anhelaba conquistar el Cinto de Hipólita, pero las amazonas, suscitadas por
Hera, me asediaban incansables con sus sutiles encantos abismales...
Una noche cualquiera,
no importa ahora la fecha, ni el día, ni la hora, fui transportado al Castillo
de KLINGSOR, ubicado exactamente en Salamanca, España...
No está demás recordar
ahora con gran énfasis, que en ese viejo Castillo citado por Wagner en su
Parsifal, funciona "el Salón de la Brujería".
Lo que entonces viera
en al tétrica morada de esas arpías, fue ciertamente horripilante...
Siniestras calchonas
de izquierdos aquelarres, tenebrosas me atacaron muchas veces dentro del
interior del Castillo; empero me defendí valerosamente con la flamígera
espada...
Mi viejo amigo: el
Ángel Adonaí ‑quien por estos tiempos tiene cuerpo físico‑, hubo de acompañarme
en esta aventura...
No eran vanas, no, las
lucubraciones de esos grandes videntes de lo astral que se llamaron
Alquimistas, Cabalistas, Ocultistas, etc,; lo que ahora veíamos dentro de este
antro, era ciertamente espantoso...
Muchas veces
desenvaine la flamígera espada para lanzar llamas sobre la fatal morada del
Nigromante KLINGSOR...
En forma inusitada
Adonaí y yo nos acercamos ante unas calchonas que arreglaban la mesa para el
festín...
En vano atravesé con
la espada el pecho de una de esas Brujas; ella permaneció impasible; incuestionablemente
estaba despierta en el mal y para el mal...
Es ostensible que
quise hacer llover fuego del cielo sobre aquel Alcázar horrendo...
Hice esfuerzos
supremos; sentí desmayarme; en esos instantes el Ángel Adonaí se acercó a la
ventana de mis ojos para mirar lo que ocurría dentro de mí mismo...
Imaginad por un
momento a cualquier persona deteniéndose ante la ventana de una casa, para
observar a través de los cristales y ver lo que sucede en el interior de la
misma...
Es ostensible que los
ojos son las ventanas del Alma y los Ángeles del cielo pueden ver a través de
esos cristales lo que sucede en el interior de cada uno de nosotros...
Hecha la singular
observación, Adonaí se retiró satisfecho; mi propio Castillo interior, la
morada de KLINGSOR, había sido incinerada con el fuego íntimo...
Cada uno de nos lleva
dentro al Alcázar de izquierdos Aquelarres; esto jamás lo ignoran lo
MAHATMAS...
Posteriormente hube de
evidenciar claramente el aspecto tenebroso de la existencia; es ostensible que
Satán tiene el don de la ubicuidad; vedle dentro de ti mismo, por aquí por allá
y acullá...
Concluidos los
trabajos esotéricos en los Infiernos Neptunianos, hube entonces de ascender al
Empíreo, la región de los Serafines, criaturas del amor, expresiones directas
de la Unidad...
Así fue como
reconquisté ese estado Jerárquico en el Cielo de Neptuno. Ese es el Universo de
las Monadas Divinales...
Incuestionablemente
había conseguido el Cinto de Hipólita; cualquier noche de estas lo evidencié en
una fiesta cósmica; entonces dancé con otros inefables...
Otra noche, flotando
en el Empíreo, en estado ceráfico, pedí a mi Madre Divina KUNDALINI la lira;
entonces supe tocarla con maestría...
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