CAPÍTULO XXX EL PATRIARCA HENOCH
CAPÍTULO XXX
EL PATRIARCA HENOCH
El símbolo del tiempo,
al que el anillo de bronce hace también enfática referencia, conduce
cíclicamente al Ahrat Gnóstico, hasta aquella antigua época Patriarcal
denominada también Edad de Bronce o Dvápara Yuga, que indudablemente precedió a
esta nuestra actual Edad de Hierro o KALI YUGA...
Los mejores
tratadistas del Ocultismo afirmaron siempre, que entre estas dos Edades,
acaeció la Segunda Catástrofe Transpalniana, que modificó totalmente la
fisonomía geológica del Planeta Tierra.
El Séptimo, entre los
Diez sublimes Patriarcas antediluvianos, es, fuera de cualquier suposición,
totalmente diferente a los seis que n el curso de los siglos le precedieron...
(Adam, Set, Enos, Cainan, Malalel, Jared), así como de los tres que le sucedieron
(Matusalem, Lamec, Noé).
Empero, es claro, que
lo que más nos asombra en todo esto, es el sagrado nombre de HENOCH, que
traducido significa: "Iniciado, dedicado, consagrado, Maestro".
El Génesis Hebraico
(V.24) asevera en forma muy solemne que HENOCH no murió físicamente en
realidad, sino que "caminó con Dios y desapareció porque lo llevó
Dios".
Antiquísimas
tradiciones esotéricas que se pierden en la noche de los siglos, dicen
claramente que, estando HENOCH sobre la cumbre majestuosa del Monte Moria, tuvo
un Samadhí clarividente en el que su conciencia objetiva iluminada, fue
arrebatada y llevada a los Nueve Cielos citados por el Dante en su Divina
Comedia y en el último de los cuales ‑en el de Neptuno‑ encontró el Patriarca
la palabra perdida (Su Propio Verbo, su Monada particular, individual).
Posteriormente quiso
aquel Gran Hierofante expresar esta visión en un recuerdo permanente e
imperecedero...
Así dispuso
categóricamente, y con gran sabiduría, que se hiciera debajo de ese mismo lugar
bendito, un templo secreto y subterráneo, comprendiendo nueve bóvedas
sucesivamente dispuestas una debajo de la otra, entre las vivientes entrañas
del Monte...
Su hijo Matusalem fue
ciertamente el Arquitecto encargado material de tal extraordinario Sancta...
No se menciona el
contenido y destino específico, definido, de cada una de estas bóvedas o cuevas
mágicas, en comunicación una con otra mediante una escalera espiraloide...
La última de estas
cavernas es, sin embargo, la que absorbe toda la importancia oculta, de manera
que las anteriores tan sólo constituyen la vía secreta indispensable, mediante
la cual se llega a aquella en lo más profundo de la Montaña...
Es esa última, el
"Penetral" o "SANCTA" más íntimo, en el que el Patriarca
HENOCH depositara su más rico tesoro esotérico...
El "Vellocino de
Oro de los antiguos", el Tesoro Inefable e Imperecedero que buscamos, no
se encuentra nunca, pues, en la superficie, sino que tenemos que escarbar,
cavar, buscar entre las entrañas de la Tierra, hasta encontrarlo...
Descendiendo
valerosamente a las entrañas o infiernos del Monte de la Revelación, encuentra
el Iniciado el Místico tesoro ‑su Monada Divina‑ que para él se conserva a
través de los incontables siglos que nos precedieron en el curso de la
Historia...
En el Capítulo II del
Apocalipsis de San Juan, todavía podemos leer lo siguiente:
"Al que venciere
daré a comer del Maná oculto, y le daré una piedra blanca, y en la piedra un
nuevo nombre escrito, el cual no conoce sino aquel que lo recibe".
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